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martes, 30 de julio de 2019

NOVENA AL DIOS DE LAS LIBERACIONES



NOVENA AL DIOS DE LAS LIBERACIONES

Ven Espíritu Santo, ven Fuego de Amor.
Ven Espíritu Santo, ven Luz Eterna.
Ven Espíritu Santo, ven Fuerza de lo Alto.
Ven Espíritu Santo, ven Divino Consolador.
Ven Espíritu Santo, ven Espíritu de Verdad.

Libéranos de las tinieblas del pecado y del Maligno, libéranos de las trampas del tentador y del atormentador, libéranos de las redes del Diablo y de los malhechores, establécenos en la verdad, Cristo es la Verdad.

Condúcenos por el buen camino; Jesús es el Camino.

Por tu Gracia, vivifícanos, Jesús es la Vida.

Comunión viva de Amor del Padre y del Hijo,
espíritu de auxilio de los creyentes, que vives y reinas.

Dios bendito y tres veces Santo por los siglos
de los siglos. Amén. 


Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento,
palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén 



Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. 

Señor, ten piedad. 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso:
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria
por los siglos de los siglos. Amén. 

Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito
es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por lo siglos de los siglos. Amén 



Oración de liberación 
(Nos santiguamos cada vez que nos encontremos con el símbolo +. Recordemos que los santos han expulsado al Diablo solo con una señal de la Cruz. También podemos hacer sobriamente gestos espontáneos que nos ayuden a vivir mejor esta oración.)

Señor Dios, Padre Todopoderoso, mira con bondad, compasión y misericordia a tu hijo/a y servidor/a:
(Di tu nombre).

Por la Preciosa Sangre de tu divino Hijo Jesucristo, revísteme con tu protección divina y guárdame de las venganzas del Príncipe de las tinieblas.

Por tu bondad, dame la fuerza de tu Santo Espíritu e instrúyeme en el combate para que, en el Nombre de Jesucristo, mi vida y la de las personas que me has confiado, sean liberadas de las maniobras, influencias y trampas del Maligno.

Por tu Espíritu Santo, aumenta mi fe en el Santo Nombre de Jesús para que pueda combatir victoriosamente las maniobras ocultas de las fuerzas del mal en mi vida.

Por tu Espíritu Santo, concédeme perseverancia para que aguante firmemente y combata el buen combate de la fe, Tú que vendrás a juzgar el mundo por el fuego. Amén. 


Señor, ten piedad de nosotros. (se repite)
Cristo, ten piedad de nosotros. 
Jesucristo, escuchamos. 
Jesucristo, atiende nuestra Súplica.
Padre celeste, que eres Dios, R. ten piedad de nosotros. 
Espíritu Santo, que eres Dios y procedes del Padre
y del Hijo, R. ten piedad de nosotros. 
Trinidad Santa, que eres un solo Dios, R. ten piedad
de nosotros. 

Santa María, Santa Madre de Dios,  R. ruega por nosotros.
Santos ángeles custodios y Santos arcángeles,
todos los coros celestiales, R. defendednos y guardadnos. 
San Gabriel, San Rafael y San Miguel, R. rogad por nosotros. 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio.
 Que Dios le reprima, es nuestra humilde súplica.
 Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, con la fuerza que Dios te ha dado, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén. 

Y ahora
¡Oh puertas, Levantad vuestros dinteles, alzaos puertas eternas, que entre el Rey de la gloria!  ¿Quién es el Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor; el poderoso en el combate.

¡Oh puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos puertas eternas, que entre el Rey de la gloria!

El Señor de los Ejércitos, él es el Rey de la gloria
(Sal 23, 7-10)


(Pausa y silencio). 
(Acogemos en la fe la presencia del Señor de los combates.) 

"Que os castigue el Señor" (Judas 9) Satanás y vosotros, espíritus rebeldes rechazados por Dios, espíritus impuros
y persecutores. Amén. Aleluya.

"Que os reprima el Señor'' Serpiente y vosotros, espíritus de brujería, magia y esoterismo condenados a la perdición por Dios. Amén. Aleluya.

"Que os reprima el Señor" Satanás y vosotros, fuerzas ocultas y espíritus malhechores que ya habéis sido vencidos por Cristo, espíritus de mentira y enfermedad que nos tentáis y atormentáis. Amén. Aleluya.

"Que os reprima el Señor" enemigos del bien y amigos del mal, espíritus de tinieblas, "Impío a quien el Señor' destruirá con el soplo de su boca y aniquilará con la manifestación de su venida" (2 Tés 2,8) Amén. Aleluya.

Que Jesús crucificado, muerto y resucitado os reprima,
Él "que canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables,
y la quitó de en medio clavándola en la cruz.

Y, una vez despojados los Principados y las Potestades,
los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal." (Col 2, 14-15) Amén. Aleluya.

Que Jesús crucificado, muerto y resucitado que "Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder y pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Echo 1 0,38) os expulse + de mi corazón y de mi cuerpo, de mi alma y de mi espíritu. Amén. Aleluya.

Que Jesús crucificado, muerto y resucitado, a quien le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18)
y que dijo: "Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días basta el fin del mundo" (Mt 28,20) os mande + Él mismo salir inmediatamente de mi vida, mis bienes interiores y exteriores para que mi "ser entero, el espíritu, el alma y el cuerpo se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tes 5,23), por el Espíritu Santo.
Amén. Aleluya.

Que Jesús crucificado, muerto y resucitado, cuya Sangre
y agua han brotado del costado abierto como una fuente
de misericordia y liberación para mí, os expulse + Él mismo y me arranque para siempre de las redes de vuestros sortilegios maléficos, "Él que ha sido traspasado por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas.
Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus heridas hemos sido curados. “(Is 53,5) Amén. Aleluya.

Que Jesús crucificado, muerto y resucitado me libere +
de toda maldición, cualquiera que sea su procedencia: antepasados y padres, conocidos y amigos, mis propios comprometimientos y pecados, Él, el "Dios de los perdones" (N eh 9,1 7). Pues "Dios liberador nuestro Dios" (Sal 68,21) Amén.

Él en quien el Padre "nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef l ,3), que rompa y retire +
para siempre de mi vida humana y espiritual el yugo
de la maldición del pecado, del diablo y de sus secuaces.
Amén. Aleluya.

Que por el Poder del Soplo de su boca, el Espíritu Santo, Jesús rompa toda atadura y corte + toda influencia maligna sobre mi espíritu, mi alma, mi cuerpo y todos mis bienes. Amén.

Que por la omnipotencia del Santo Nombre de Jesús quede cortado y deshecho + todo nudo del diablo en mi vida y en mi ser físico y espiritual. Amén.

Que, por el Santísimo Nombre elevado por encima de todo nombre, en el Nombre del Padre de las luces y del Espíritu Santo +, todo lo que el diablo ha sembrado y construido en mi vida y en mis relaciones quede echado por tierra y demolido. Amén.

Que por el Santo Nombre de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo sean destruidos y aniquilados + en las profundidades de la tierra y el polvo, en las alturas de los cielos y los lugares celestes -el sol, la luna y los astros del cielo-, en los mares, los ríos y las aguas, en el aire y los vientos, en el fuego y el calor, en los bosques y montes sagrados, en las colinas, montañas y valles, todos los artificios y maleficios de Satanás para dañarnos, robar, matar y destruir" (Jn 10,10).

Sí, el Señor es mi guardián, mi sombra.
El Señor está a mi derecha.

De día, el sol no me hará daño, ni la luna de noche puesto que está escrito: "El Señor te guarda de todo mal,
Él guarda tu alma.

El Señor guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre '·" (Sal 121, 5 -8) Amén.

Que, por el Nombre de Jesús, toda pócima y todo veneno del demonio sea destruido y eliminado + de mí, de mi cuerpo y mi alma, de mi casa y mi entorno, en el Nombre del Padre + y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Que, en el Nombre de Jesús, todo pacto y alianza, toda consagración y matrimonio hechos sobre mí y las personas que el Señor me ha confiado, sobre mis bienes temporales
y espirituales, por mis familiares vivos o difuntos, amigos o allegados, con o sin mi consentimiento, queden anulados
y rotos ahora  + en el Nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.

Que todo decreto u orden, que todo objeto, documento escrito y demás cosas que ordenan y sellan esos pactos
sean ahora rotos y abolidos + para siempre
en el Nombre de Jesús.

Y que sean ahora destruidos + por el fuego de Dios en el mundo espiritual y en el mundo material. Amén.

Que todas las trampas del Maligno y sus secuaces sean desechas y aniquiladas en el Nombre del Padre.

Jesús, Hijo del Dios vivo,… R. ten piedad de nosotros. 
Jesús, imagen del Padre invisible,… ten piedad de nosotros. 
Jesús, Sabiduría eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, Esplendor de la Luz eterna, ten piedad de nosotros.
Jesús, Verbo de vida, ten piedad de nosotros. 
Jesús, Hijo de la Virgen María, … ten piedad de nosotros.
Jesús, Verdadero Dios y verdadero Hombre, …
Jesús, nuestro Soberano Sacerdote eterno, …
Jesús, Anunciador del Reino de Dios, … 
Jesús, Médico de las almas y los cuerpos, ten piedad de nosotros
Jesús, Salud de los oprimidos, … 
Jesús, Consolación de los desamparados,… 
Jesús, Vencedor de Satanás,…
Jesús, Vencedor de la muerte y del pecado,…
Jesús, nuestro Salvador y nuestro Redentor,… 

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestra alma. Amén. Aleluya. 

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestro espíritu. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestro pensamiento. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestro cuerpo. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestros sentidos y nuestras emociones. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestra familia y nuestros bienes. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda acción diabólica sobre nuestro país. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda maldición. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de la magia y el espiritismo. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de todo embrujamiento y maleficio. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de toda forma de ocultismo. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de las malas influencias. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de las dominaciones y ataduras. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de las malas inclinaciones. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de nuestros defectos y debilidades. Amén. Aleluya.

Jesús, por tu preciosa Sangre, líbranos y libéranos de rencores, envidias, celos y calumnias. Amén. Aleluya.

Que el Santo Nombre de Jesús esté desde ahora y para siempre sobre nosotros, en nosotros y alrededor de nosotros. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús esté en nuestros pensamientos, nuestra memoria, nuestra imaginación
y nuestra inteligencia. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús esté desde ahora y para siempre a nuestra izquierda y a nuestra derecha para
no sucumbir. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús esté en nuestro corazón
y en nuestros labios. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús esté en nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestros sentidos. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús esté en nuestras palabras
y acciones. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús sea nuestra protección. Amén.

Que el Santo Nombre de Jesús nos guarde del desánimo
y de la duda. Amén. Aleluya.

En el Nombre de Jesús, proclamo la bendición de Dios en mi vida. Amén. Aleluya.

En el Nombre de Jesús, proclamo la victoria de Dios en mi vida. Amén. Aleluya.

En el Nombre de Jesús, proclamo el reino de Dios sobre mis enemigos. Amén. Aleluya.

En el Nombre de Jesús, canto la victoria del Señor sobre los que me acosan. Amén. Aleluya.

En el Nombre de Jesús, el Nombre por encima de todo nombre, alabo la gloria del Padre Eterno, valiente en la batalla sobre Goliat y todos mis adversarios. Amén. Aleluya.

"Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracia, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” (Ap. 7,12)

"Eres digno, Señor y Dios nuestro de recibir la gloria, el honor y el poder por que tú has creado el universo;
por tu voluntad, existe y fue creado." (Ap. 4,1 1 48)  

"Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos." (Ap. 5,13) Amén. 

"Grandes y maravillosas son tus obras, Señor;
Dios Todopoderoso: Justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de las naciones.

¿Quién no temerá, Señor; y no glorificará tu Nombre? Porque solo Tú eres santo y todas las naciones vendrán
y se postrarán ante ti, porque han quedado de manifiesto tus justos designios." (Ap. 15, 3-4)

+ No he de morir, viviré y contaré las obras del Señor,
Él que me ha librado de la red del cazador,
pues sé que mi Redentor está vivo.

Alabanza al Señor de los vivos. Aleluya.
Él da la victoria a los que lo temen. Aleluya.


Alabanza Trinitaria (Se reza 5 veces seguidas.
Inspirada a Santa Gertrudis)

Gloria a Ti, Dulcísima, Nobilísima, Gloriosa, Inmutable e Inefable Trinidad, Santísima y Eterna Trinidad, Indivisible Unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




lunes, 25 de marzo de 2019

SANTO ROSARIO A LA VIRGEN DEL PILAR POR ESPAÑA

SANTO ROSARIO A LA VIRGEN DEL PILAR

 POR NUESTRA PATRIA ESPAÑA


Santo Rosario.
Por la señal... 

INVOCACIÓN INICIAL: 
Divino Corazón de Jesús: ante la vista de tantos males como presenciamos en nuestra Patria, recurrimos a Vos, suplicando vuestra misericordia a favor de este pueblo de vuestra predilección.

Acordaos de vuestra promesa de reinar en España y con más vehemencia que en otras partes. Que vuestro reinado de amor se establezca ya en nuestra querida España.

 Que prenda aquí con mayor fuerza ese fuego divino y de aquí se comunique en todo el mundo. Sea vuestro Divino Corazón, la victoriosa bandera que presida nuestras justas ansias de restauración nacional y misionera y nos dé la victoria contra todos los enemigos de Dios y de la Patria.

¡Virgen del Pilar, Inmaculada Reina de España, acelerad el Reinado del Corazón de vuestro Hijo! Amén.

Señor mío Jesucristo…

MISTERIOS GOZOSOS

1.-La Encarnación.
Ofrezcamos este misterio por la conversión de España, de sus gobernantes y jueces, para que las leyes defiendan los Derechos de Dios en nuestra Patria, como mejor garantía de los verdaderos derechos del hombre.

2.- La Visitación
Ofrezcamos este misterio por el fin del aborto y de toda la legislación que atenta contra la Familia, y contra la Vida desde su concepción hasta el fin natural de la misma.

3.- La Natividad
Ofrezcamos este misterio por la unidad y la paz de España, y por la conversión de los que quieren romper esta “Tierra de María”; por la Juventud Española para que, libre de prejuicios, descubra la grandeza histórica de nuestra Patria.
Pidamos también por la Hispanidad, para que España y los pueblos hermanos se mantengan fieles a su Tradición Católica y se fortalezcan sus vínculos.

4.- La Presentación y la Purificación
Ofrezcamos este misterio para que el aumento de la Fe Católica en España traiga consigo el fin de la crisis económica, y a nadie le falte el sustento y una vivienda digna.

5.- La pérdida y el hallazgo en el templo.
Ofrezcamos este misterio por el Clero Español, en sus sacerdotes y obispos, y por las almas consagradas para que, fieles a su vocación, sean testigos del Evangelio y pilares de la Tradición Católica de nuestro Pueblo; y para que promuevan la Consagración  a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.”
***
V/. Ruega por nosotros, Nuestra Señora del Pilar,
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración.
Dios todopoderoso y eterno,
que en la gloriosa Madre de tu Hijo
has concedido un amparo celestial
a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe,
seguridad en la esperanza y constancia en el amor.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 




miércoles, 20 de marzo de 2019

ORACIONES DE LA NOCHE


ORACIONES DE LA NOCHE

Así como nuestro primer pensamiento del día debe ser para Dios, también debe serlo el último. No se te pase nunca por alto la oración de la noche, antes de acostarte.

Antes de cerrar los ojos, 
los labios y el corazón,
al final de la jornada, 
¡buenas noches!, Padre Dios.

Gracias por todas las gracias
que nos ha dado tu amor;
si muchas son nuestras deudas,
infinito es tu perdón. 
Mañana te serviremos, 
en tu presencia, mejor.

A la sombra de tus alas, 
Padre nuestro, abríganos. 
Quédate junto a nosotros 
y danos tu bendición.

Antes de cerrar los ojos, 
los labios y el corazón, 
al final de la jornada, 
¡buenas noches! Padre Dios

Gloria al Padre omnipotente, 
gloria al Hijo Redentor, 
gloria al Espíritu Santo: 
tres personas, sólo un Dios. 
Amén.

 Sagrado Corazón de Jesús Dios mío, Jesucristo: Te doy gracias por todos los beneficios que has dispensado en este día. Te ofrezco mi sueño y todos los momentos de esta noche y te pido me conserves en ella sin pecado. Por esto me pongo dentro de tu santísimo Costado y bajo el manto de mi Madre, la Virgen María. Asístanme y guárdenme en paz los santos Ángeles y venga sobre mí tu Bendición.

Examina ahora brevemente tu conciencia, meditando sobre los puntos siguientes:

Pensamientos:
¿Consentí voluntariamente en algún mal pensamiento…., en el deseo o complacencia de alguna cosa impura?

Palabras:
¿Pronuncié malas palabras…, juramentos…, murmuraciones…, mentoras…,?
¿Tuve conversaciones deshonestas?

Obras:
¿Omisión de la Misa en días de precepto? ¿Desobediencias…, impaciencias…,m hurtos…,? ¿Malas miradas o acciones impuras…? ¿Excesos en comidas o bebidas…, juegos y diversiones…? ¿Cómo he cumplido mis deberes?

Pide perdón a Dios de todo corazón y di con dolor:

 Cristo Rey Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno.

Ayudado de tu Divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Padre Nuestro, Ave María, Credo.

Angel de la Guarda 

Ángel de Dios, ángel de Dios: ya que la soberana Piedad a Ti me encomendó, ilumíname, rígeme, guárdame y gobiérname en esta noche. Amén.

Visita, Señor, esta habitación y ahuyenta de ella todas las asechanzas del enemigo. Estén aquí tus santos Ángeles, que nos guarden en paz, y Tú danos tu Santa Bendición, por los méritos de Cristo Nuestro Señor. Amén.

NUESTRA SEÑORA DE LAS LAGRIMAS DE SIRACUSA

NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS
 CATEQUESIS DE JUAN PABLO II 

[Fotografía del santuario de la Virgen de las Lagrimas]
Fotografía antigua del Santuario de la Virgen de las Lágrimas en Siracusa (autor: Saraceno)
LAS LÁGRIMAS DE LA VIRGEN 
TESTIMONIAN SU PRESENCIA
1. Hay un lugar en Jerusalén, en la ladera del Monte de los Olivos, donde, según la tradición, Cristo lloró por la ciudad de Jerusalén. En esas lágrimas del Hijo del hombre hay casi un eco lejano de otro llanto al que se refiere la primera lectura tomada del libro de Nehemías. Después del regreso de la esclavitud Babilónica, los Israelitas decidieron reconstruir el templo. Pero antes escucharon las palabras de la sagrada Escritura y del sacerdote Esdras, que bendijo después al pueblo con el libro de la Ley. En ese momento todos rompieron en llanto. En efecto, leemos que el gobernador Nehemías y el sacerdotes Esdras dijeron a los presentes: "Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis". "No estéis tristes, la alegría del Señor es vuestra fortaleza" (Ne 8, 9. 10). El llanto de los israelitas era de alegría por haber recuperado el templo y haber reconquistado la libertad.

2. Por el contrario, el llanto de Cristo en el Monte de los Olivos no fue de alegría, En efecto, exclamó: "¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa" (Mt 23, 37-38).

En el llanto de Jesús por Jerusalén se manifiesta su amor a la ciudad santa y, al mismo tiempo, el dolor que experimentaba por su futuro no lejano, que prevé: la ciudad será conquistada y el templo destruido; los jóvenes serán sometidos a su mismo suplicio, la muerte en cruz. "Entonces se pondrán a decir a los montes: ‘¡caed sobre nosotros!’ Y a las colinas: ‘¡cubridnos!’ Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?" (Lc 23, 30-31).

3. Sabemos que Jesús lloró en otra ocasión, junto a la tumba de Lázaro. "Los judíos entonces decían: ‘Mirad cómo quería’. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Éste que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?’" (Jn 11, 36-37). Entonces Jesús, manifestando nuevamente una profunda turbación, fue al sepulcro, ordenó quitar la piedra y, elevando la mirada al Padre, gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, sal fuera!"(cf. Jn 1, 38-43).

4. El evangelio nos habla también de la conmoción de Jesús, cuando exultó en el Espíritu Santo y dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito" (Lc 10, 21). Jesús se alegra por la paternidad divina; se alegra porque puede revelarla y, por último porque pude irradiarla de modo especial para los pequeños. El evangelista Lucas define todo eso como un regocijo en el Espíritu Santo. Regocijo que impulsa a Jesús a revelarse aún más: "Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quien es el Padre sino el Hijo, y Aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Lc 10, 22).

5. En el Cenáculo, Jesús predice a los Apóstoles su llanto futuro: "En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo", Y añade: "La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo" (Jn 16, 20-21). Así, Cristo habla de la tristeza y de la alegría de la Iglesia, de su llanto y de su alegría, refiriéndose a la imagen de una mujer que da a luz.

6. Los relatos evangélicos no recuerdan nunca el llanto de la Virgen. No escuchamos su llanto ni en la noche de Belén, cuando le llegó el tiempo de dar a luz al Hijo de Dios, ni tampoco en el Gólgota, cuando estaba al pie de la cruz. Ni siquiera podemos conocer sus lágrimas de alegría, cuando Cristo resucitó.

Aunque la sagrada Escritura no alude a ese hecho, la intuición de la fe habla en favor de él. María, que llora de tristeza o de alegría, es la expresión de la Iglesia, que se alegra en al noche de Navidad, sufre el Viernes santo al pie de la cruz y se alegra nuevamente en el alba de la Resurrección. Se trata de la Esposa del Cordero, que nos ha presentado la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis (cf. 21, 9).

7. Conocemos algunas lágrimas de María por las apariciones con las que ella de vez en cuando acompaña a la Iglesia en su peregrinación por los caminos del mundo. María llora en La Salette, a mediados del siglo pasado, antes de las apariciones de Lourdes, en un período durante el cual el cristianismo en Francia afronta una creciente hostilidad.

Llora también aquí, en Siracusa, al término de la segunda guerra mundial. Se puede comprender dicho llanto precisamente en el marco de esos hechos trágicos: la inmensa hecatombe causada por el conflicto; el exterminio de los hijos e hijas de Israel; y la amenaza para Europa que proviene del este, constituida por el comunismo declaradamente ateo.

También en ese período llora la imagen de la Virgen de Czestochowa, en Lublín: éste es un hecho poco conocido fuera de Polonia. Por el contrario se difundió ampliamente la noticia del acontecimiento de Siracusa, y fueron numerosos los peregrinos que vinieron aquí. También el cardenal Stefan Wyszynski vino aquí en peregrinación en 1957, después de haber sido excarcelado. Yo mismo, que por aquel entonces era un obispo joven, vine aquí durante el Concilio, y pude celebrar la santa misa el día de la conmemoración de todos los fieles difuntos.
Las lágrimas de la Virgen pertenecen al orden de los signos; testimonian la presencia de la Madre Iglesia en el mundo. Una madre llora cuando ve a sus hijos amenazados por algún mal, espiritual o físico. María llora participando en el llanto de Cristo por Jerusalén, junto al sepulcro de Lázaro y, por último, en el camino de la cruz.

8. Pero conviene recordar también las lágrimas de Pedro, El evangelio de hoy narra la confesión de Pedro en las cercanías de Cesarea de Filipo. Escuchemos las palabras de Cristo: "Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt 16, 17). Hay otras palabras muy conocidas del Redentor a Pedro: "En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces" (Jn 13, 38). Y así sucedió. Pero, cuando en la casa del sumo sacerdote, Jesús miró a Pedro en el momento en que cantó el gallo, éste "recordó las palabras del Señor. Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente" (Lc 22, 61-62). Lágrimas de dolor y de conversión, que confirman la verdad de su confesión. Gracias a ellas, después de la resurrección, pudo decir a Cristo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo" (Jn 21, 17).

9. Hoy, aquí en Siracusa, puedo dedicar el santuario de la Virgen de las Lágrimas. Aquí estoy finalmente, por segunda vez, pero ahora vengo como Obispo de Roma, como Sucesor de Pedro, y realizo con alegría este servicio a vuestra comunidad, a la que saludo con afecto.

10. Oigo resonar hoy en mí, en este lugar, las palabras que Cristo dirige a Pedro: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 18-19).
Estas palabras de Cristo expresan la suprema autoridad que él posee como Redentor: el poder de perdonar los pecados, que adquirió al precio de su sangre derramada en el Gólgota; el poder de absolver y perdonar.

11. Santuario de la Virgen de las Lágrimas, has nacido para recordar a la Iglesia el llanto de la Madre.

Recuerda también el llanto de Pedro, a quien Cristo confió las llaves del reino de los cielos para el bien de todos los fieles. Que esas llaves sirvan para atar y desatar, para redimir toda miseria humana.
Vengan aquí, entre estas paredes acogedoras, cuantos están oprimidos por la conciencia del pecado y experimenten aquí la riqueza de la misericordia de Dios y de su perdón. Los guíen hasta aquí las lágrimas de la Madre. Son lágrimas de dolor por cuantos rechazan el amor de Dios, por las familias separadas o que tienen dificultades, por la juventud amenazada por la civilización de consumo y a menudo desorientada, por la violencia que provoca aún tanto derramamiento de sangre, y por las incomprensiones y los odios que abren abismos profundos entre los hombres y los pueblos.

Son lágrimas de oración: oración de la Madre que da fuerza a toda oración y se eleva suplicante también por cuantos no rezan, porque están distraídos por un sin fin de otros intereses, o porque están cerrados obstinadamente a la llamada de Dios.

Son lágrimas de esperanza, que ablandan la dureza de los corazones y los abren al encuentro con Cristo redentor, fuente de luz y paz para las personas, las familias y toda la sociedad.
Virgen de las Lágrimas, mira con bondad materna el dolor del mundo. Enjuga las lágrimas de los que sufren, de los abandonados, de los desesperados y de las víctimas de toda violencia.

Alcánzanos a todos lágrimas de arrepentimiento y vida nueva, que abran los corazones al don regenerador del amor de Dios. Alcánzanos a todos lágrimas de alegría, después de haber visto la profunda ternura de tu corazón.
¡Alabado sea Jesucristo!
6 de noviembre de 1994



1. El texto está tomado de las páginas de las Siervas de los Corazones traspasados de Jesús y María. Por su importancia, se reproduce aquí este texto para ayudar a comprender mejor el significado de las lágrimas en la Virgen María.